Creemos ser únicos, queremos diferenciarnos de los demás, analizando sus ridículas vidas, y cuando más intentamos hacer ésto, más nos damos cuenta de que, sin quererlo, nosotros también somos simples marionetas, simples personas, simple materia que ni siente, ni espera, ni sueña.
Creemos ser especiales, creemos ser diferentes, creemos tener el control... Creemos tantas cosas, que ya no nos damos cuenta de lo que somos en realidad, simples creencias para evitar dar con la realidad, somos como el resto de esa gente, somos como esas personas que evitamos ser, con miedos, sin esperanzas, sin ilusiones, sin una vida.
Creemos ser fuertes, creemos ser mejores que los demás, y sólo somos débiles, y quizá más mentirosos que el resto, ya que nos escudamos en una falsa identidad para no mostrar que somos, como el resto, que somos una parte más de éste éstupido pero imprescindible todo.
Simplemente, creemos ser alguien, cuando en realidad no somos nada.

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